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Josep Maria Salvadó i Urpí

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Premsa

Andreu Buenafuente: ¿Porque se van los necesarios?

Diumenge, 16 d'abril de 2000
Andreu Buenafuente va ocuparel seu espai habitual a La Vanguardia anomenat "lo dudo mucho" amb un petit article dedicat a Josep Maria titulat ¿Porque se van los necesarios?
Article d'Andreu Buenafuente:

Hoy quiero hablar de mi buen amigo Josep Maria Salvadó, que nos dejó esta semana. Yo aún no me he hecho a la idea. Se ha ido, vale, pero nosotros nos quedamos sin él o sea que no sé lo que es peor. Ha sido una semana de días grises, noches negras y malas noticias remojadas por una lluvia molesta. A mí la lluvia me deprime, así que el conjunto de la semana parecía ideada por un maligno. Una mierda de semana, si me lo permiten.

Josep Maria nos ha dejado plantados con un palmo de narices, con el alma destrozada y esa típica cara de gilipollas que se te queda ante la contemplación de la muerte súbita e inapelable. De la muerte injusta de las personas justas. De las personas necesarias. Porque Josep Maria era un tipo necesario. Un activista, generoso, amigo de los amigos de sus amigos, que tenía los pies en el suelo, que sabía reír y llorar, y que se lo curraba por los otros sin esperar nada a cambio. Ya sé que es la típica definición que a todos nos gustaría para nosotros mismos, pero la mayoría nunca llegaremos a la talla y el señorío de Josep Maria.

Yo admiro personalmente a todos aquellos que se dedican a las tareas de ayuda humanitaria y Salvadó era mi preferido. Era, es y será. Que tomen nota muchos de esos curas que no mueven la sotana de su parroquia y se las dan de altruistas. El altruismo se demuestra viajando, viviendo y ayudando donde hace falta. Esa es la nueva religión, social y válida. Josep Maria sólo bajó su ritmo cuando empezó a enfermar con lo del maldito corazón, ese músculo ensalzado exageradamente por los poetas. La realidad más bien cruda es que cuando se para la pelotita de carne que hay debajo de las costillas, se acaba la comedia y el amor y todo. Fin de la película. La mala salud es lo único que puede frenar la buena conciencia. Aunque Josep Maria incluso luchó contra esa adversidad en un último sprint de coraje y fuerza de voluntad. Regresó hace muy poco de otro de sus viajes con la maleta repleta de pastillitas y un montón de ideas para seguir apelando a nuestras conciencias de burgueses acomodados. Un día escuché que el escritor y periodista Sergi Pàmies definía de una forma básica y concisa nuestra sociedad actual. Decía que “en este mundo, una mitad hacen las cosas y la otra mitad se las mira”. Bueno, pues Josep Maria era de la primera mitad y de los primeros de la lista. Yo aún diría más. En este mundo de falso bienestar materialista viven millones de personas grises, sin proyecto de vida y que sólo desprenden indiferencia. Gente con cara de nada, la cabeza sin ideas y el espíritu en excedencia. Será por la vacuidad de sus vidas, pero se diría que esos zombies modernos viven más. Por no hablar de los negativos, que se mantienen conservados en su propia mala leche como las lagartijas en formol. Viven peor, pero viven más. Por eso me da rabia que los necesarios se vayan antes de tiempo con tanto trabajo por hacer y tanto optimismo por insuflar. Mi amigo Josep Maria forma parte de mis recuerdos, de mi biografía (¡cuántas cenas con los tronos!), y eso lo hace inmortal para mí. Aunque cada semana dudo mucho, como reza mi columna, hoy lo tengo claro. Josep Maria Salvadó es una de las mejores personas que he conocido. Que viva para siempre en paz.

Twitter La Tafanera

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